jueves 25 de junio de 2009

Desde My Block (12)

Crítica Social
Por Candelito El Estadístico
El que vuelve loco al Diccionario de Microsoft Word

Los roncadores



Desde hace buen tiempo, la antropología, paleontología, la otorrinolaringología, la bilogía y la sismografía determinaron que los ronquidos son un modo de seguridad mientras se duerme. El que no haya oído nada de eso, que se busque en los manuales de historia y prehistoria las versiones sobre la vida del hombre de las cavernas.

Los roncadores, hay que decirlo aunque se sea uno de ellos, son unos antisociales en el 100 % de los casos. Esto lo reconoce solamente el 15.15 % de ellos, pero lo respalda el 95 % de sus compañeros de cama, de los cuales, el 70 % ronca sin darse cuenta y sin reconocerlo cuando se le graban y ponen a escuchar sus enormes espantaderas.

Dormir con un (a) roncador(a) significa un fuerte dolor de cabeza para el 30 % de los compañeros de los roncadores. Y ustedes se asombrarán de una estadística de tan baja estofa. Pero es, señoras y señores, que casi todo el que ronca (digamos que un 95 %) es adulto, y generalmente casado (es decir, que duerme acompañado), y como la pareja es en el 75 % de los casos otro(a) adulto(a), ésta pareja ronca, como dije, en el 70 % de la realidad contada.

Yo no ronco, o por lo menos no me oigo nunca en eso, por lo que no puedo decir mucho lo que se siente roncando. Siiiin embaaaargo, sí puedo afirmarles que es algo insufrible, inaguantable, por lo que les recomiendo a los que tengan planes de casarse que tomen la prudencia de pasar antes una noche de sueño prematrimonial con su pareja, no vaya ser que… gggrrrrr gggrrrrrrrrr gggrrrrrrr Jayyyyyyyy!

lunes 22 de junio de 2009

¿Acaso podrías tomarte esta sopa? Es digital!


Pues bien, encuentra aquí diez términois muy relacionados con la informática. Después te avisaremos sobre los detalles de su composición. A tomar!

domingo 31 de mayo de 2009

No somos iguales (5)

José Puñales, El Puñal de la Entrevista, conversa con Laura y su hija Laury, las cuales son iguales… pero tan distintas!


Puñales: Queridos amigas y amigos, de nuevo con ustedes! Hola, Laura, hola, Laury! ¿Qué tal ustedes?

Laura: Sofocada yo, sofocada, Puñales

Laury: Yo por danzar, Puñales, por bailar, por moverme!

P: Vaya, qué interesante. Parecieran que bailan por turno.

La: ¿Por turno, qué, Puñales! Fíjate en lo que dices!

P: Me he fijado en ustedes, Laura. ¿No es que estás sofocada por haber bailado? ¿No es por bailar que está Laury? Hay concatenación.

Ly: Ay, no, Puñales! Lo que ha habido en realidad es pelea. Por eso está sofocada. No me quiere ver bailar!

P: ¿No quiere Laura verte bailar?

Ly: Pues no!
P: Entonces, sólo tienes que hacerlo a escondidas, lejos de tu madre!

Ly: Pero es que no quiere que baile. Es como si quisiera verme, ¿comprendes? Si voy a una discoteca se aparece allá a verme, pero al verme me lo impide. Simplemente no quisiera verme, si regresara a casa. Pero lo que hace es quedarse allí e impedirme que baile.

P:Comprendo, ahora comprendo! ¿Será que bailas mal?

L: Así es, Puñales, baila requete mal!

Ly: ¿Requete mal yo?

La: Así es, así es!

P:Esperen, déjenme moderar este diálogo, por favor. ¿Qué tiene de mal su baile, Laura? ¿No coordinan sus pasos, se acelera, pierde el ritmo?

La: No, no, Puñales! El ritmo lo lleva muy bien, lo que no lleva bien son las nalgas!
P: ¿Las nalgas? ¿Qué pasa con las nalgas de Laury?

La: Pues te diré: esa bendita hija mía parece que no es la dueña de esas nalgas que Dios le dio. Las entrega por completo a la pareja! Las entrega, Puñales, las entrega!

P: Pero, dime, Laura. ¿las desmonta?

La: ¡Qué va a desmontar, Puñales, qué va a desmontar! ¡Eso no fuese nada!

P: !Va, va, pero no comprendo!

Ly: Lo que pasa, Puñales, es que lo que más baila es reguetón, y ahí hay que echar para atrás lo más bello que Dios me dio! ¡Hay que echarlas para atrás, es todo! ¡Sólo cumplo con las reglas!

P:¿Entonces, Laura?

La: Pues nadita de nada. Son unas reglas malditas.

Ly: Es su hipocresía, Puñales. ¡No eran malditas las suyas a mi edad, eso si no!

La: ¿Por qué podrían serlo, mala hija, desviada, descarriada?

P: ¡No es así, no! Debo moderar. Dime Laury, ¿qué dices de las nalgas de tu madre?

Ly: Pues verás, Puñales. Me he enterado por vías extraoficiales de que esa madre que me critica porque eche mis nalgas hacia atrás, echaba las de ella para adelante cuando bailaba a mi edad! ¿Comprendes?

P: ¡Ah, pues las protegía, según veo!

Ly: Puñales, ¿es que te haces el sonso? ¿Estás parcializándote con madre? ¡Debes entender que si las echaba hacia delante daba lo más serio que Dios le dio!

La: ¡Laury, Laury, eso no lo concibo! ¡Eso no te lo permito!

Ly: No tienes que permitírmelo, madre! ¡Coas así yo no las hago!

La: ¡Malvada hija! ¡Malvada hija! ¡Lo que no te permito es que digas algo así!

Ly: ¡Lo que no deberías permitirme es que me lo hubiese inventado! ¡Eso no!

P; ¡Fuego, fuego! ¡Juego suspendido por fuego! Esta conversación se acabó. ¡Ustedes se aman, ustedes se aman! Eso es lo que se llama cuidarse mutuamente, eso es lo que se llama amar!

La: Es que ella y yo no somos iguales, Puñales. ¡No somos iguales!

P: ¡Claro, claro, lo que son es igualitas!

Ly: Es cierto, Puñales, somos muy iguales, porque ella tiene mi cara, pero resultamos tan, pero tan distintas!

P: ¡Vayámonos, vayámonos, muchachitas, que las brasas arden todavía! ¡Adiós, mi público! ¡Adiós!

lunes 25 de mayo de 2009

Entevista a Lolo Coco(2)

-Hola, Lolo Coco! Cuánto nos parece bien que estés de nuevo aquí con nosotros y nuestro enorme público que aprende tanto de ti. Sabes?, hay un tema muy interesante en el tapete, Lolo. Se trata de la Influenza 1 punto no sé cuánto. ¿Has oído de eso?

-¡Ajá! Jajajajajaja!!! Esa vaina me da risa, mucha risa y hasta mucha rosa! Jajajajaja!! Tengo que detenerme a la fuerza.

-¡Pero, Lolo! Recuerda que estamos en una emisora, y que nuestro programa es en vivo. ¿Por qué te ríes de eso?

-Es que eso no es más que una porquería, ¡una porquería!

-Explícate, Lolo, no vinimos a ofender a la gente.

--¡Claro que no, hermano! ¡Clarísino! ¿Crees que me dicen Coco por caco hueco? Aquí, en esta cabezota, no es agua de coco lo que hay, eh! Pero es que cuestión esa viene del puerco, ¿entiendes? Entonces, ¿no es justo llamarla porquería?

-Bueno, Lolo, parece lógico.

-¡Es lógico, y con G de gato!

-Entonces, dinos qué podemos hacer.

-Es sencillísimo. Que cada quien haga lo suyo. ¿Voy yo a traerme los funcionarios de salud a mi casa, esos despeinados? Tú lo que debes hacer es eso que se hace con cualquier porquería: asearse, limpiarse, no ensuciar… ¿Más?

-No parece, Lolo, pero…¿qué limpiamos?

-¡Las malditas purgas de todos los días! ¡Esas!

-No entiendo ni jota, Lolo Coco. Explícate.

-Pues fíjate, no hay nada que pique más que una purga (no pulga, que no es política) ni que haga rascarse más que un funcionario.

-¿Un funcionario, Coco? Favor de no meterte por aquí con los funcionarios. ¿Qué haríamos con ellos?

-Nada difícil: decapitarlos. Así, así, no más!

-Pero de por Dios, Coco. Vete de una vez al fondo.

-Mira: dicen que muerto el perro, se acabó la rabia. Si decapitas a los funcionarios se acaba la porquería. ¿No son ellos quienes hablan de eso? ¿No son ellos que nos la meten por los oídos, infectándonos? ¿No son ellos quienes la multiplican? Fíjate: ahora no es sólo una, ahora son como tres porquerías: Gripe porcina, Influenza 1 y la Gripe del Carajo, que es la que está matando.

-Mejor vámonos, Lolo Coco. Parece, parece que estás infectado, y no lo dudo.

-Está bien, trágate las porquerías y no te laves las manos. Te veré en la pocilga revolcándote con ellos mismos: ¡no hay peor purga que la que reparte la gripe! A Dios que reparta suerte, porque de esa si estamos escasos!

viernes 22 de mayo de 2009

Cuál ladrona

Una señora muy viejecita se acerca presurosa a un joven fortachón rogándole por ayuda.

-Mire, mire, señorito-le gritó señalando hacia una mujer que corría detrás de un autobús-, esa mujer se llevó mi cartera. ¿Se la quita, por favor?

El joven no lo pensó dos veces y fue a toda velocidad tras la desconocida. Le alcanzó cuando ella subía ya al autobús que casi no se detuvo para que subiese al mismo. Entonces, ya a su alcance, le arrancó la cartera con energía y volvió rápidamente a entregarlo a la viejecita. Esta le dio presurosamente las gracias y se alejó de inmediato por entre la multitud que caminaba por allí.
Al verse ya lejos, entre callejones y arbustos, la anciana abrió la cartera y buscó en ella. Encontró un buen fajo de billetes relucientes, recién impresos.

-Pero qué buena idea tuve al poner a otro a robar por mí. He conseguido más que nunca, y no pueden acusarme de robo. Estoy más inteligente ahora que la edad quiere tumbarme. Jajajajayyyyy!!

miércoles 13 de mayo de 2009

Carola y el Banquero

-Hola, señor Banquero.

-Hola, usted. ¿En qué le sirvo?

-Pues fíjese, he visto que prestan para todo lo que yo quiera.

-Así es. ¿Qué necesita que le podamos dar?

-¿Qué me puedan dar?

-Así es.

-Pero si dicen que pueden darlo todo.

-Es una tergiversación lo que dice usted. Lo que podemos dar es para todo lo que quiera, no todo.

-Ah, no todo! Vaya chanza la de ustedes. Por lo visto me han burlado.

-No, no, no. Nunca hacemos eso.

-¿Y cómo se le pude llamar a esto?

-Desacuerdo. Digamos que es eso.


-Muy bien. Explíqueme por qué se ha dado ese desacuerdo.

-Lo que ocurre es, señorita, que podemos prestarle para todo lo que usted quiera, pero sólo una parte.

-¿En todo caso, una partecita?

--Una partecita. Pues depende de lo que vaya a hacer con el dinero.

-¿Ajá? Entonces si lo que fuera a hacer es comprar un juego de pañuelos me prestarían sólo un porcentaje, ¿no?

-Tien usted un buen índice de inteligencia. Le felicito.

-Gracias, pero estoy en estado de decepción y rabia. ¿A qué se debe eso?

-Pues verá: el interés siempre sube las cuentas, y de modo muy importante.

-¿Hasta en el caso de un juego de pañuelos?

-Todavía más.

-Eso parece estúpido.

-Pero es lo contrario. La experiencia de años nos dice que a menor monto del préstamo, mayor índice de sobrecarga.

-¡Vaya! ¿Dónde está el punto?

-El punto de eso está en que los clientes se olvidan de cuentas pequeñas. Comienzan no temiéndole. Luego, la avalancha del interés y sobreintereses y sobreinterés.

-Es decir que al sobreinterés también le cabe sobreinterés.

-Exactamente. Los números no fallan, no se descuidan. Son muy sensibles, aunque se crea que las cifras son frías.

-Bueno, todos tenemos un alma. Ustedes los banqueros también.

-Por supuesto.

-¿Tolerarán el infierno?

-Quizá no tengamos que llegar a eso.

-¡No, no tendrán que llegar! Simplemente serán empujados.

-¿Empujados? ¿Usted…?

-¡Claro que no, señor Banquero! Les empujará el error de la exactitud.

-¿Y por qué la exactitud?

-Es que la exactitud es un afán. Y todo afán es condenable, y en el caso de ustedes es un afán de condenar a alguien que de antemano está condenado.

-¿Quién se condena?

-Todo el que sale condenado de algún banco!.

-¿Sí?

-Todo el que les firma algo a un banquero.

-¿Cómo?

-Todo el que se atreve a confiar en bancos!

-¡Señorita!

-Todo, todo, todo el que vive en una ciudad en la que hay bancos!

-¡Pero por favor, señorita…!

-¡Por favor a usted, sáqueme de aquí que estoy histérica!

-¡No, no lo haga!

-¡No lo haga usted, por favor, señor Banquero! No me preste, si lo ha pensado hacer! Sáqueme, ándele! Sáqueme, de por Dios! ¡La exactitud me puede exterminar!

-¡Está bien, le sacaré, le sacaré!

-¡Vaya, qué sensibilidad la suya! Ha tenido la piedad de no decidirse a prestarme. ¡Señores, me voy a salvo!: el banco no me prestó. ¡Viva la paz! (Gritando a lo largo de la calle) ¡Viva la paz, que viva! ¡Viva el honor! ¡Vivamos los que no debemos al banco! ¡Vivamos!

viernes 8 de mayo de 2009

Qué bebida! (4)

Holísima, amigos, hola, hola! Después de muchas entradas me toca nuevamente estar un ratito con ustedes en este tema tan controversial que es el de la bebida más paradójica (luego se lo explicaré), la menos apetecible, la única cuyo trago completo no se repite, la definitiva bebida que se llama ACIDO MURIATICO!

Grrruuuuuuuaaaaaaa! Lo solté, señoras y señores, lo he devuelto. Este es el ácido que acida la vida (si es que ya aprobaron el verbo acidar) y todo lo reduce a nada… pero a nada que uno desee. Créanlo, es el líquido que menos carácter de bebida tiene. Tanto es así que de seguro están ustedes sorprendidos de que me haya atrevido a presentárselo aquí, así, sin ton ni son, sin pedir excusas, sin temor a tomarlo. Y crean esto también: lo he tomado por experimentar… pero sólo en sueños. Desperté con la lengua quemadita quemadita y el gran deseo de no volverlo a tomar.

¡Ay. Yo si les quiero, les quiero tanto que les voy a advertir ésta: no toquen ese ácido ni por las letras, pues no lo van a tolerar. Imagínense que es el líquido que toma la boca de los inodoros sucios a los que su dueño quiere librar peores y más pegadizos tapones que los obstruyen, y es el trago que dan a su esposo las mujeres agobiadas por la violencia doméstica y el dolor de amor.

No lo toquen, por favor, ni para darlo a otro. Reduzcan sus impulsos y déjenlos pasar, que no hay que llegar a tanto para librarse de alguien. Simplemente denle una patadita y ya! ¡Pero Qué bebida!

Y ya, señoras y señores, que esta bebida no se soporta ni de palabra ni de chiste. Tráguensela pero sin tomarla, que es la forma de decirle adiós!, adiós!, adiós! (en spanish pero a buen ritmo de samba, OK?)