José Puñales, el Puñal de la Entrevista, conversa con Laura y su hija Laury, que son iguales, pero ¡tan distintas!
Puñales: ¡Hola, niñas! ¿Cómo están?
Laura: ¡Hola, Puñales! Estamos bien.
Laury: Bueno, Puñales, en realidad lo que hay que decir es que "estoy bien", ¿no es así? Muy bien se oyó que dijiste “niña”.
La: Muchachita, cuidado con lo que insinúas. Sabes que tu mamá es muy joven todavía y que eso a todo el mundo le suena ofensivo.
P. No os alarméis, amiguitas. Todo lo que tenga que ver con el tiempo es cosa pasada. Ustedes han visto cómo un segundo sucede al otro. No bien hemos dicho la “n” de amén, cuando a la “a” hace tiempo que no se la escucha.
La: ¡Ay, Puñales, tú siempre tan genial!
P: No digas tanto, querida Laura. Sabes, como el tiempo siempre apremia, quiero que entremos en materia. El caso de hoy es el de los aromas. Dime tú de una vez, ¿Qué prefieres: los aromas que van al estomago o los que van el espíritu?
Ly: Pero Puñales, ¿de qué hablas? ¿No es a la nariz que van todos los aromas? ¡Ni siquiera la mencionas!
P: Ja, ja, ja. Es muy cierto, lindísima Laury. Es muy cierto. Pero fíjate, hay unos aromas que vienen de preparados, de alimentos; otros vienen de cosas que uno nunca come, aunque acostumbremos a posar los labios en ellas, como por ejemplo la piel. Dime tú cuál grupo de aromas prefieres.
Ly: Puñales, Puñales. ¿Cuál tú crees que preferiría una niña? ¡Soy una niña! Ya lo dijiste, sonso.
P: Contestado, contestado. ¿Y Laura?
La: Yo, Puñales, prefiero los aromas de las carnes.
P: Aclárame, Laura, por favor.
La: Esta claro: de las carnes cocidas.
Ly: Mami, eso te gusta junto con los perfumes que usas.
P: ¿Cómo, cómo, cómo? ¿Es que Laura se perfuma para cocinar?
La: Bueno, en verdad me gusta estar perfumada siempre. Pero no es para yo aspirar mi propio aroma, sino para evitar a los demás un mal olor que pueda escaparse.
Ly: Mami, di la verdad. No es justo que vengas donde Puñales a hablar mentiras.
La: Laury, tu madre no habla mentiras.
Ly: Pero escondes la verdad.
La: Mi hija, trata de ser como yo, respeta, respeta.
P: ¡Pero no pueden ser más iguales!
Ly: ¡Somos iguales, pero muy distintas!
P: Es la verdad. Perdón, perdón.
La: Puñales, no vayas a irrespetarme tu también. Mi hija es justa como yo, pero tiene poca experiencia como para saber guardar las apariencias.
Ly: ¿Ves? Puñales, lo que pasa es que a Mami le encanta perfumar sus sábanas y almohadas. ¡Y ella duerme sola!
La: Sí, pero ese perfume es por si acaso.
Ly: Por si acaso…
La: Por si acaso me caso de repente. Una madre soltera no tiene noviazgo como antes de ser madre. Todo se hace más rápido.
P: Comprendo, Laura. Eres especial. Uno puede equivocarse contigo.
La: Pero con quien uno más se equivoca es con mi hija. ¡Somos iguales, es cierto, pero muy muy distintas!
Puñales: ¡Hola, niñas! ¿Cómo están?
Laura: ¡Hola, Puñales! Estamos bien.
Laury: Bueno, Puñales, en realidad lo que hay que decir es que "estoy bien", ¿no es así? Muy bien se oyó que dijiste “niña”.
La: Muchachita, cuidado con lo que insinúas. Sabes que tu mamá es muy joven todavía y que eso a todo el mundo le suena ofensivo.
P. No os alarméis, amiguitas. Todo lo que tenga que ver con el tiempo es cosa pasada. Ustedes han visto cómo un segundo sucede al otro. No bien hemos dicho la “n” de amén, cuando a la “a” hace tiempo que no se la escucha.
La: ¡Ay, Puñales, tú siempre tan genial!
P: No digas tanto, querida Laura. Sabes, como el tiempo siempre apremia, quiero que entremos en materia. El caso de hoy es el de los aromas. Dime tú de una vez, ¿Qué prefieres: los aromas que van al estomago o los que van el espíritu?
Ly: Pero Puñales, ¿de qué hablas? ¿No es a la nariz que van todos los aromas? ¡Ni siquiera la mencionas!
P: Ja, ja, ja. Es muy cierto, lindísima Laury. Es muy cierto. Pero fíjate, hay unos aromas que vienen de preparados, de alimentos; otros vienen de cosas que uno nunca come, aunque acostumbremos a posar los labios en ellas, como por ejemplo la piel. Dime tú cuál grupo de aromas prefieres.
Ly: Puñales, Puñales. ¿Cuál tú crees que preferiría una niña? ¡Soy una niña! Ya lo dijiste, sonso.
P: Contestado, contestado. ¿Y Laura?
La: Yo, Puñales, prefiero los aromas de las carnes.
P: Aclárame, Laura, por favor.
La: Esta claro: de las carnes cocidas.
Ly: Mami, eso te gusta junto con los perfumes que usas.
P: ¿Cómo, cómo, cómo? ¿Es que Laura se perfuma para cocinar?
La: Bueno, en verdad me gusta estar perfumada siempre. Pero no es para yo aspirar mi propio aroma, sino para evitar a los demás un mal olor que pueda escaparse.
Ly: Mami, di la verdad. No es justo que vengas donde Puñales a hablar mentiras.
La: Laury, tu madre no habla mentiras.
Ly: Pero escondes la verdad.
La: Mi hija, trata de ser como yo, respeta, respeta.
P: ¡Pero no pueden ser más iguales!
Ly: ¡Somos iguales, pero muy distintas!
P: Es la verdad. Perdón, perdón.
La: Puñales, no vayas a irrespetarme tu también. Mi hija es justa como yo, pero tiene poca experiencia como para saber guardar las apariencias.
Ly: ¿Ves? Puñales, lo que pasa es que a Mami le encanta perfumar sus sábanas y almohadas. ¡Y ella duerme sola!
La: Sí, pero ese perfume es por si acaso.
Ly: Por si acaso…
La: Por si acaso me caso de repente. Una madre soltera no tiene noviazgo como antes de ser madre. Todo se hace más rápido.
P: Comprendo, Laura. Eres especial. Uno puede equivocarse contigo.
La: Pero con quien uno más se equivoca es con mi hija. ¡Somos iguales, es cierto, pero muy muy distintas!






















