Un señor pidió en una óptica que le preparasen unos lentes que su oftalmólogo le había indicado el día anterior. Como vio en la entrada la oferta de lentes en sólo 10 minutos, confió en que, a pesar de detenerse allí, llegaría temprano a su trabajo.
Media hora después, perdiendo la paciencia, le dijo a la mujer que le atendía que estaba haciéndosele tarde para continuar a su trabajo.
-No desespere, señor-le pidió sonriente la mujer mientras miraba el reloj de la pared-. Casi está siendo despachado.
Pero el tiempo siguió pasando, y ya con cuarenticinco minutos de espera, no pudo contenerse más, y se levantó de su asiento a gritar que terminasen de atenderle.
-Pero, señor-le replicó incómoda la mujer-. Fíjese en el reloj. Tiene usted sólo cuarenticinco minutos esperando, todavía falta que llegue su hora.
-Pero, carajo-gritó el señor-, dice en la puerta que en sólo 10 minutos resuelven ustedes este asunto de despachar unos lentes!
La mujer le miró impaciente, y con los labios apretados también le gritó:
-No vaya usted a ser tonto, señor! Es que acaso no entiende que se trata de 10 minutos antes de que se cumpla la hora de haberlo pedido?
miércoles 11 de noviembre de 2009
En sólo 10 minutos
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1 Han sido corteses:
Jajaja, o sea que para un buen entendedor, con pocas palabras bastan...
Un beso.
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