Estadístico era un hombre muy conservador, y en su familia debían ser tan austero como él. Por eso se quejaba siempre de que sus hijos cayeran diariamente sobre el cerezo del patio y lo despojaran sin control de las rojísimas y dulces frutas que colgaban del mismo.
Un día, al amanecer, su hijo Paulo le sorprendió desagradablemente con un grito de espanto:
-¡Pero, padre, el cerezo está quebrado! ¡Quebradísimo!
Estadístico, nada contento, reaccionó como impulsado por un resolte:
-¡Pero eso, carajo, tenía que terminar pasando un día! Ya les decía yo diariamente que debían dejar de comer tantas cerezas. Ahora no le queda ni una, está como un banco sin un peso… ¿verdad?
Entonces Paulo explotó de la risa, burlándose claramente de su padre:
-¡Jajajajaja! No sea usted tonto e interesado a la vez, padre! Lo que le quiero decir es que al cerezo se le quebró el tronco, que están todas las ramas tiradas sobre el suelo. ¿comprende? Está totalmente jodido. ¡Ahora no tendrá usted que quejarse de que nos comamos las cerezas!
martes, 15 de noviembre de 2011
Quebrado
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